la vida empieza a los treinta

6.6.18



Quiero que me ames como a una diosa, porque me siento muchas veces miserable. 
Quiero que apenques con la culpa que no termino yo de quitarme. 
Quiero que subas para poder yo bajarme, no vaya a ser que estando juntos descubra que es ahí donde quiero quedarme. 
No vaya a ser que descubra que mi vida es perfecta y que merezco disfrutar de cada instante, sin que me agarre la culpa de querer vivir en Marte. 
Enséñame a ser feliz Pa, tú que sabes, llévame de la mano donde sea que no quepa mi lastre, contigo, con los niños, a cualquier otra parte. 

23.5.18

La mancha de café


Gracias Pa por gritarme hoy. Por poner en tu boca la rabia que me llevo guardando un tiempo, que me brota en picor y sangre en la cara, porque no se puede quedar dentro.  Gracias porque veo que si no me gritas tú, me pudre a mi el silencio. No voy a seguir así, carcomiéndome por creer que no tengo derecho, derecho a tener tiempo, tiempo de estar conmigo en mi silencio, ese silencio que no se siente impuesto. Derecho a no repetir en mi vida ese otro silencio eterno en el que crecí, en el que nadie gritaba mientras se masticaba un "quítate de en medio" Yo puedo romper ese silencio como estrelló papá en mil pedazos la taza en la pared, dejando en el salón una mancha de café, como un cuadro perfecto.  Puedo hacer lo que quiera, no estoy presa, como no lo estaba ella, y tengo la sabiduría que ella me ha dado todos estos años para saber que debo ser feliz sin culpa. Buscar el aire que se lleve la sombra que me habita dentro, pobrecita sombra que se alimenta del oscuro silencio tenso del que cree que no desea estar aquí, del que cree que su vida es en parte, algo impuesto. Que no me importe lo que digan, que es lo que me digo yo. Que si tengo que tener mi propio universo, no es un capricho, es que no puedo vivir de otra manera, es que de otra manera, me muero. 

2.3.18

Mi Lu, mi Luz



Si ya te quería antes amiga, ahora quisiera abrazarte y que todo pare, como una hermana mayor. Quisiera tener el poder de dejarlo todo en silencio para que puedas escuchar tu voz, que se ahoga entre el dolor físico que arrastra tu cuerpo y la soledad del barullo que hay alrededor. Y aunque creas que nadie lo entiende y a veces digas y te castigues pensando "no me entiendo ni yo", cada mujer que ha traído vida a esta vida, con conciencia de saber que nada, absolutamente nada, es tan desbordante como hacerse madre, cada una de nosotras, está contigo. Con tu cuerpecito herido, que parece que no llega, que no puede, que en cualquier momento se va a romper. Con tus ojos que se llenan de lágrimas varias veces al día, a veces sin saber por qué. Con tu alma, que se ha partido en tres. 
Eres madre Lucía. Cada una de las decisiones que has tomado en tu vida, cada paso, cada pérdida, cada vez que has dicho "mejor por la derecha", te han traído hasta aquí. Y aunque ahora haya niebla, y parece que no, todo es perfecto para ti. Viniste al mundo para traer al mundo a tus dos hijos, para ser la madre que ellos necesitan que seas, para que por fin puedas iluminarlos con tu luz. Antes tu luz se ahogaba entretenida entre pastillas y blisters, en dar los buenos días, treinta y siete veces al día, media hora de siesta, esperar a que él venga, sexo, siete horas de sueño y volver a empezar.
El veintiséis de diciembre naciste con ellos y quince días después se fue tu padre, porque así tenía que ser, porque nada podía entretener lo que se estaba viniendo. Tienes el compañero perfecto, que está ocupando su lugar, que es el de ayudarte a que tú puedas estar donde tienes que estar, donde si miras cuando no haya lágrimas verás, que es donde quieres estar, porque todo encaja perfectamente, para que la mejor Lucia brille y nos ilumine como nunca antes lo has hecho. Tu eres la protagonista de tu cuento y el centro de su universo.


25.1.18

Buen viaje, gracias, nos veremos

 
 
Buen viaje Jose Luis, nos veremos de otro modo en otra. Gracias por despertar lo castúo que llevo dentro al pasear conmigo por el Risco como lo hubiera hecho con mi padre. Pero gracias sobre todo por mi Lu, dejas en el mundo una mujer extraordinaria como tú, mejor incluso que tú, porque también es hija de su madre y tiene el don de la entrega y el perdón. Esa entrega que se da sin sacrificio, aunque lo haya, porque nace del amor. Te recordaré siempre en sus ojos y en eso que es tuyo, que ahora es de ella y que hace del mundo un lugar mejor: vivir haciendo siempre lo correcto, ser por encima de todo, un hombre honesto.

4.8.17

Digerir


Me está costando digerir lo que sea que es esto que no soy capaz de poner en palabras, que no soy capaz de ordenar. Me despisto en la intendencia y me duermo otra vez, en ese humo que huele a los treinta. A ratos estoy y a ratos miro, y entonces me pasa, que me paso cuando estoy, y me duele cuando sólo miro. Se me hace eterna la tarde mientras se ma escapa la vida, cuando todo, absolutamente todo, empieza por una caricia sentida.

6.4.17

El amor incondicional II Parte


Llegaste a mi vida justo cuando te necesitaba. Un poquito antes de que se fuera Titi. "Noooooo", me dijo cuando me vio entrar por la puerta contigo. Al poco ella se marchó a hacer su camino no sin antes nombrarte: Cara caqui. La verdad es que tenias un rostro muy particular Zar. La primera vez que te vi pensé "no tiene orejitas". Desde el sur de Madrid viniste a buscarme. De ti me dijeron que eras mal perro, ¿te lo puedes creer? ¡Que mordías las paredes! Yo jamás conocí perro mas sereno, paciente y tolerante que tú, menudos adjetivos para un perro ¿verdad? Y es que siempre pensé que esta seria tu última vida como animal, que lo próximo que vendría seria un hombre, porque ya eras medio perro, medio humano.
Mi compañero y mejor amigo, mi casa. Me diste obligaciones de las que nacen en el corazón, cuidaste de mi. Hacia ti me giré cuando Lorelay volvió con su ex diciéndote "¡qué fuerte zar!" A ti me agarré aquellas noches que volvía mareada a casa para poder dormir. Y las tardes de vacío, a tu cuello me aferraba cuando me sentía sola. Tú marcabas mis tiempos, mis rutinas, siempre juntos, a cualquier lado. Sin ti me habría perdido un rato.
Nunca te gustó quien no debía gustarte y siempre fuiste importante para quien lo merecía. Hiciste un gran trabajo amigo. Gracias por todas las tardes que me arrancabas del sillón para dar una vuelta y respirar. Gracias por esa mirada escondida, por esos ojos que pocas veces se abrían como platos. Gracias por tu "quédate aquí quieta conmigo, que todo pasa". Por los miles de atardeceres que te sentabas a mi lado en vez de perseguir conejos. Lo nuestro fue cosa del destino. Llegaste cuando tenías que llegar, porque mi hogar fue cualquier sitio en el que estuviera contigo. Y te has ido, tranquilo y en paz, dejándome en el que desde hace un tiempo es el mío.

1.3.17

Mi vida contigo

 
Tu llegada a mi vida fue como una explosión sin bomba. Sin ruido, sin humo, sin caos. Tuve que reiniciarme, reinventarme por completo. Ser madre, formar una familia y seguir siendo yo.
De las dudas, de los miedos, de las añoranzas, de sentir que te estás perdiendo, de no ser capaz de oír mi voz por dentro, de querer que la vida pare un momento y me deje respirar, como si nada fuera cierto. Del dolor. De todo lo que pasó, me quedo con dormir abrazados y el olor de tu pelo.
El dolor es la respuesta que te da la vida cuando te enfrentas a ella. Cuando te niegas a aceptar lo que te viene. Cuando te empeñas en imponer tus reglas. Dolió nacerte, por tener miedo a no ser capaz y ya estabas aquí, por pretender ganarle unos minutos a lo que se venía, a lo que ya estaba siendo. La vida se impone, poderosa, y si te enfrentas , duele. Y siguió doliendo durante el tiempo que no quise o no pude vivir la vida que tenía, la que había buscado, la que se me había entregado, la que tocaba entonces. Me atrincheré contra la vida, ya sabía lo que era pretender enfrentarte a ella. Me atrincheré a la espera de que se cansara de mi y me dejara sólo estar. Me guardé para dentro, y por dentro me fui pudriendo. Porque vivir es más que estar, no se puede aceptar este regalo y no quererlo jugar.
Sólo en nuestro abrazo encontraba mi lugar. Perdida en tu sonrisa y en el olor de tu nuca, todo pasaba, era capaz de respirar.  Me salvaste amor. Me enseñaste a rendir la plaza. Y fui aprendiendo día a día tus lecciones, porque a través de ti me hablaba la vida. Eran tus catarros, tus fiebres, tus granitos en la cara los que día a día, semana a semana y año a año, me han ido contando que yo no mando. Que no soy más que una gota entre millares en el mar. Que soy yo la que bailo al son que marca la vida. Que no puedo controlarla, que de mi no depende absolutamente nada. Esa humildad que me faltó siempre, que nunca necesité en mi camino hasta que llegaste tú, esa humildad, solo podia aceptarla rindiéndome a ella, entregándome sumisa con las manos desatadas. Tú eres más grande que yo, porque por ti daría mi vida, pero la vida es mas grande que nosotros dos y es ella la que manda y aunque a veces duelan sus lecciones, siempre manda con amor. Alguien como yo, sólo podía aprenderlo a través del dolor, letra con sangre entra...voy entendiendo poco a poco que nada de lo que hice o dejé de hacer, nada, fue un error.